A la hora de abordar el estudio de nuestra vida, podemos estudiarla desde el normal tránsito entre el nacimiento y la muerte, con sus posibles apreciaciones sobre los cambios a nivel físico y anímico, o bien ir un poco más allá e indagar de cara a encontrar respuestas para comprender situaciones o resolver crisis que me permitan adaptarme y fortalecerme como persona; o puedo ir todavía un poco más atrevidamente a cuestionarme el sentido de mi existencia, buscando conectar con algo esencial, enfrentándome a la “certeza incierta” de que tengo un destino que cumplir, que hay un “estar” que tiene que ver conmigo: ”Eso me resuena” ...

Así, el abordaje de la propia biografía puede permitir el que, a partir de un profundo trabajo de investigación interno, podamos iniciarnos, abrirnos, permitirnos la captación de otros niveles de nuestra propia realidad, que hasta ahora no habíamos podido apreciar, al no tener una visión en perspectiva de los hechos de nuestra vida.
En nuestra vida, cuando la hacemos biografía, y no una mera sucesión de hechos que a mi me van ocurriendo, vamos rescatando pequeños y grandes momentos, recuerdos, sucesos..., que vistos en su conjunto tienen su ritmo, su propia ley...
Esa forma que va tomando nuestra vida se soporta en grandes leyes cósmicas, los ciclos vitales, los cambios, las transformaciones... Así como en la vida todo tiene su propia ley cósmica que lo rige, también nuestra vida la tiene, estamos inmersos en ese “gran ritmo”.
Visto el proceso biográfico desde esta dimensión podemos dejarnos sentir la vida como un recorrido que tiene su propio sentido, donde hay períodos para crecer, períodos para expandirnos y momentos en que dejamos de producir; tiempos de dar y tiempos de recibir; tiempos de recapitular y tiempos de iniciar...
Y lo más importante es que empieza a hacerse visible lo invisible y en un momento de intuición, atrapamos nuestro sueño, nuestro hilo conductor, nuestra guía... nuestro motivo, nuestra misión...nuestra propia necesidad y energía, nuestro peculiar y genuino ritmo.
Para llegar a esta toma de conciencia sobre nuestro destino debemos abordar la exploración desde un método que esté basado a su vez en el conocimiento de los principios que rigen estos ritmos, siendo este modelo ofrecido desde la Antroposofía el que cuenta con esta amplia visión de lo que es la vida, la evolución de la conciencia y el destacado papel del ser humano como parte y colofón de dicha evolución.
Para que esta investigación sea rigurosa debemos partir (como soporte metodológico) de lo visible, de lo observable, de lo palpable, de lo que tiene sentido para nuestra conciencia, que son los hechos, los sucesos, las experiencias que tienen su tiempo y espacio, su cuándo y su dónde… para desde ahí comprender, deducir, integrar los hechos como oportunidades de cambio, de crecimiento, intuir y llegar a lo invisible, a nuestro sueño, a un camino de salud y felicidad. “Sólo lo esencial es invisible a los ojos”.
Herramie
ntas para el viaje.La herramienta básica para la elaboración de una biografía es el RECUERDO. Y aquí hay que hacer una distinción entre memoria y recuerdo. Memoria, etimológicamente procede de la raíz “memo”, que significa tonto, el que repite sin sentir. Recuerdo procede de cordis, que significa corazón. El ordenador tiene memoria, el ser humano tiene recuerdos.
Así, a la hora de hacer biografía no nos basamos en el hecho que ha memorizado nuestro cerebro de forma exclusiva, integramos ese hecho asociado a su sentir. El recuerdo es una función superior a la memoria y permite integrar el proceso vivido. Los sentimientos y emociones ligados a los hechos vividos impregnan nuestro ser y le dan la oportunidad de vivenciarlos de una manera más completa, siendo el recuerdo asociado al hecho mucho más rico, permitiendo ello a su vez que su mensaje y la posibilidad de transformación que trae sea más íntegra.
Otra herramienta importante que nos acompaña en el camino de recorrer nuestra vida es la ACEPTACIÓN. Aceptar con comprensión, con respeto, con cariño y con equilibrio lo que nos ha sucedido, lo que hemos hecho y no hecho. La experiencia terrenal es una sucesión de momentos dichosos y difíciles, y lo que debe primar es nuestra capacidad de aprendizaje ¿qué debo aprender de esto?
Para ello es importante hacer un esfuerzo de distanciamiento, de objetividad, de autoobservación calmada. La elaboración de la propia biografía es un trabajo silencioso, introspectivo, dejando el espacio para la resonancia de lo observado, a la vez que abriendo la puerta a otra herramienta importante que es la intuición.





